El 18 de junio, en el diario Página/12, un grupo de docentes y agrupaciones estudiantiles de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires publicó una solicitada de apoyo a la fórmula Daniel Filmus-Carlos Tomada como candidatos a Jefe y Vicejefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Siempre hemos considerado que la toma de posición y el compromiso son valores que deben formar parte de nuestras prácticas como intelectuales. Por lo tanto, desde esa perspectiva, celebremos la intervención de todos los actores sociales que, de una u otra forma, integran nuestra institución. Sin embargo, del encabezamiento de esa solicitada y de su diseño:
“En la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA:Por todos estos motivos militamos el proyecto que encarnan Filmus y Tomada”,
se desprende que se quiere hacer creer que la Facultad de Ciencias Sociales en su conjunto apoya la fórmula de Daniel Filmus- Carlos Tomada, lo que –claro está- es falso. El respeto a la “diversidad” que tanto se proclama queda, una vez más, negado por una praxis concreta, la de la imposición. A esta confusión discursiva deliberada, a ese afán totalizador que no es nuevo (“Patria” =”peronismo”, “no-peronismo” =”anti-patria”), se le debe agregar el uso del espacio público de la institución, concretamente el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, para el lanzamiento de la fórmula de un partido. Debe señalarse también que se utilizó la lista de Profcom (cuyo fin está en el orden de lo académico-investigativo) para difundir una actividad que es, lisa y llanamente, partidaria. ¿Qué hubiera sucedido si se hubiera empleado la lista de Profcom, por ejemplo, para difundir el lanzamiento de la fórmula del PRO, Mauricio Macri-M. Eugenia Vidal ? Seguramente se hubiera generado un “escándalo”. Pero el doble estándar parece que evita la necesidad de explicar por parte de quien se percibe como poderoso o cercano al poder de turno.
Este modo de funcionamiento no es nada novedoso; más aun, se inscribe en una práctica sistemática que se ha ido naturalizando. La paradoja de intelectuales que en las aulas refieren a la “naturalización” como un proceso de control social y que después no la denuncian en el campo concreto en el que actúan, resulta poco ejemplificadora.
Muchos intelectuales han colaborado, al mirar para otro lado o al relativizarlo, con estas con-fusiones. Puede observarse en diferentes ámbitos y en diferentes escalas: se confunde canal estatal y público con canal gubernamental (con programas como “6,7,8” o “Fútbol para todos” que son de propaganda del gobierno); se confunde publicidad del Estado con sistemas de premios y castigos para los medios “hegemónicos” o “no oficialistas”; se confunden instituciones nacionales como el INDEC (que, como se sabe, deben proveer insumos para la programación macro-económica y social) con unidades básicas, que no sólo “adaptan” las cifras a las necesidades del gobierno, sino que también se transforman en “fuentes de empleo” de punteros y barras bravas; se procura convertir a Centrales de Trabajadores en apéndices gubernamentales; se establecen relaciones entre el Estado y organizaciones sociales que tienden a organizar negocios y disciplinamientos.
El caso de la Fundación de Las Madres de Plaza de Mayo - que ha derivado hasta ahora en el procesamiento de Sergio Schoklender- marca el punto culminante de esos métodos que no pueden ser ignorados y cuya capacidad de daño es incalculable. Los intelectuales tenemos, como marcaba Rodolfo Walsh, el compromiso de decir la verdad.
Nosotros creemos que el silencio no es salud. Ni antes ni ahora.
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